ADIÓS, PESETA – ParteIII
La iconografía
DURANTE la larga pervivencia de nuestro sistema monetario se producen algunas variaciones que afectan a los tipos. De conformidad con lo establecido en 1868, se mantiene en el reverso el escudo con las armas de España, pero con la adición del escusón de las casas reinantes al ser restaurada la Monarquía.
La cruz de Saboya en los dos años que Amadeo I reina en España, y las lises que ostentarán las monedas de Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I aportan, respectivamente, el elemento identificativo de la dinastía italiana y la monarquía borbónica. El tradicional escudo de los Reyes Católicos durante la etapa franquista volverá a tener su lugar en la moneda casi quinientos años después.
Los anversos sustituyen la representación de Hispania por la efigie real, que será grabada, lo mismo que los reversos, por los sucesivos artistas a quienes se encomienda tal tarea por su condición de grabadores generales: Luis Marchionni es el autor del retrato de Amadeo I; Gregorio Sellán, del retrato de Alfonso XII y los dos primeros de Alfonso XIII niño,
popularmente llamados pelón y bucles. Bartolomé Maura representa al rey a los diez años y con uniforme de cadete, siendo Enrique Vaquer quien graba los cuños para la moneda desde 1923.
La Segunda República marcará la ruptura tipológica, introduciendo motivos de inspiración republicana acordes con el carácter político del nuevo gobierno. Variadas representaciones de la República alternarán,
en las acuñaciones de la guerra civil, con tipos uniformes y poco elaborados por la apremiante necesidad de numerario, que en ocasiones
se reducirán a la expresión del valor y leyendas identificativas de la corporación o localidad que las emite.
La llegada al poder del general Franco supondrá un cambio en este sentido, pues el retrato que aparece en la peseta de 1947 está modelado por un escultor, Mariano Benlliure, y adaptado para la
acuñación por el grabador jefe, Manuel Marín, y el que desde 1966
muestra los rasgos fisonómicos propios de una edad avanzada es
obra de Juan de Ávalos.
La instauración de la democracia y la restauración de la Monarquía no significaron cambios, en un primer momento, en las características físicas y dimensiones de las piezas, pero sí en la imagen que contenían, al incorporarse la efigie del rey don Juan Carlos I y el escudo real.
Ya en la historia monetaria más reciente, la normalización del circulante a partir de 1990 impone una renovación tipológica en la que los motivos son diferentes cada año, excepto en las monedas de 1 y 500 pesetas, desarrollando así la intención conmemorativa que tímidamente se había iniciado con la serie de los Mundiales de Fútbol en 1980. Rompiendo con
la tradición de representar sistemáticamente la efigie del gobernante en anverso y el escudo de España en reverso, se introducen motivos alusivos a las comunidades españolas y a manifestaciones artísticas y culturales.
Los valores
AUNQUE el Decreto de octubre de 1868 establecía la emisión de catorce valores diferentes, de los que solamente se acuñaron nueve, serán los años siguientes hasta el reinado de Alfonso XIII los que verán cumplido, y aun superado por nuevas denominaciones, lo previsto en dicho Decreto. Así, de los valores en oro, las 50 y 5 pesetas no llegaron a acuñarse, pero sí lo fueron las 100, 20 y 10 pesetas, aunque en diferentes momentos, así como un valor nuevo, el de 25 pesetas.
En plata y bronce, al ser moneda más necesaria y de mayor circulación que el oro, las emisiones requieren también mayor regularidad, y no se elimina ni añade ningún valor.
Pero la sustitución de los metales preciosos por nuevos metales y aleaciones convencionales para la acuñación de moneda, y la consiguiente pérdida de equivalencia entre el valor intrínseco del metal y el valor nominal, altera notablemente las emisiones. La necesidad de adecuación a los metales que ya empleaban en países extranjeros era incuestionable, y aun así, España mantiene las acuñaciones en oro hasta 1904 y en plata hasta 1933. Esta última peseta blanca dará paso en 1937 a la peseta amarilla de latón, «la rubia». A partir de 1933, y con la excepción del fallido intento de circulación de monedas de plata de 100 pesetas en época de Franco, las acuñaciones se basarán en el
cobre, el aluminio y el níquel, a veces puros y a veces aleados con otros metales.
Estos ensayos se habían iniciado en 1925 con la emisión de 25 céntimos de cuproníquel, que precederá a la de 1927 en que se acuña la primera
moneda española con perforación central; pero es a partir de 1940, tras la guerra civil, cuando el general Franco, para remediar la escasez de numerario, ordena emisiones en las que la tipología y metales se inspiran más en las acuñaciones europeas que en la tradición española.
De aluminio casi puro son los 5 y 10 céntimos «del jinete», que copian
fielmente la moneda hispanorromana de Osca, y sustituyen al bronce aún en circulación desde el decreto de 1868, que fue recogido en cantidad de 800 toneladas y cedido al Ministerio de Obras Públicas
para la electrificación de las líneas ferroviarias de Ávila y Segovia.
Las emisiones posteriores continúan la política de ensayo de nuevos metales y de regularización del sistema monetario, que se verá alterada por la acuñación de nuevos valores a partir de 1982. En 1990, y ante la confusa diversidad provocada por la acuñación de las 2, 5, 100 y 200 pesetas en metales y módulos discordantes con el resto de las
series en circulación, confusión agravada por la permanencia de valores del período anterior, se adopta una solución drástica. La renovación formal del circulante se basa en el diseño, en el aumento del tamaño de las monedas en relación a su valor y en la alternancia de color del metal, permitiendo su distinción con mayor facilidad, aunque realmente
se consigue en 1997 cuando dejan de tener valor de circulación todas las demás monedas.
Paralelamente y por razones puramente económicas, que se añaden al interés de los coleccionistas y a las necesidades de inversión, se suceden ininterrumpidamente acuñaciones en metales preciosos. Desde 1989, coincidiendo con los primeros actos de conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, aparecen series en oro y plata de diversas denominaciones de valor en pesetas, ecus y euros.
Este acto simbólico de acuñación de la última moneda de 100 pesetas concluye un proceso de adaptación a la política monetaria europea que comenzó hace largo tiempo y que en los últimos años ha logrado su objetivo de integración y de unidad. La adopción del euro como moneda única en la Unión Europea no es un simple cambio de moneda, sino un importante cambio estructural de los mecanismos económicos y monetarios que ha exigido la participación de todos los agentes institucionales, económicos y políticos de cada país.
Último sistema monetario en pesetas:
monedas
La peseta: apuntes sobre los billetes
españoles
La peseta y el papel moneda
LA llegada del EURO supone, como es bien sabido, la desaparición de monedas y billetes nacionales y, por tanto, de la PESETA, cerrándose una etapa de existencia en la que ha funcionado como unidad del sistema monetario español, desde la reforma establecida por Decreto de 19 de octubre de 1868, para adecuar nuestro sistema al de la Unión Monetaria Latina. El camino recorrido desde la primera emisión hasta la actualmente en vigor ha estado lleno de vicisitudes en cuanto a su difusión y crecimiento, tanto desde el punto de vista económico y político, como desde los avances técnicos en el proceso de fabricación, que permiten realizar una mirada retrospectiva destacando lo más característico de cada uno de estos aspectos.
Que abarcaría casi una década. Superada esta primera fase, el volumen de circulación de papel moneda crecerá incesantemente como reflejo del crecimiento económico, necesitando en momentos puntuales inflacionistas frenar este proceso que continuará durante el primer tercio del siglo XX, cubriéndose la demanda con numerosas emisiones e incluso emisiones de reserva.
A la llegada de la República se encuentran en circulación billetes con el mismo valor facial, pero de diversas emisiones. Por otra parte, el cambio ideológico afectará también a los criterios iconográficos del papel moneda, estableciéndose además por Decreto que
los billetes en circulación sean estampillados con el sello de la República, mientras no sean sustituidos por nuevas emisiones.
Al estallar la guerra civil, el Gobierno de la República no tiene problemas de escasez de papel moneda, pero a lo largo de la contienda, con las comunicaciones interrumpidas, no es posible enviar remesas a todo el territorio bajo su control, lo cual motivará la aparición de emisiones propias en las provincias del norte. A la par, el Gobierno de Burgos, que sólo reconocía la legalidad de las emisiones anteriores al 18 de julio de 1936, aunque estableciendo que los billetes fueran presentados por los particulares para ser revalidados, encargará su propio papel moneda que circulará en el territorio por él controlado.
Es por tanto una época compleja y anómala en este sentido, más si tenemos en cuenta que La primera emisión de papel moneda que expresa su valor en pesetas, de 1 de julio de 1874, coincide con la concesión al Banco de España de la exclusividad del derecho a
emitir billetes, hasta entonces compartido con otros Bancos provinciales. El punto de partida arranca con una dificultad puramente material, la de sustituir las emisiones provinciales por las realizadas por el Banco de España, que hasta entonces sólo operaba en Madrid. La nueva legislación preveía la apertura de sucursales del Banco en las principales plazas del territorio nacional y la retirada paulatina de los antiguos billetes, Al finalizar la guerra la reconstrucción es necesaria en todos los sectores, y la vuelta a la normalidad de la circulación fiduciaria requerirá también un gran esfuerzo.
El papel moneda, que forma parte de la vida cotidiana del ciudadano, es, por otra parte, una seña de identidad nacional. El valor fiduciario, el aspecto formal del billete, la técnica de impresión, la elección de la imagen, los colores, las medidas de seguridad para evitar falsificaciones, la clase de papel que pueda afrontar el uso sin deterioro son elementos de gran importancia.
La falta de moneda divisionaria se hará acuciante, dando lugar a la proliferación de medios de pago emitidos por todo tipo de organismos, tanto de carácter público como privado, en un ámbito puramente local, normalmente de pequeña cuantía, que permitiera las transacciones elementales de la vida cotidiana.
Después de la guerra civil, desde 1940 y hasta 1954, y como consecuencia también de la segunda guerra mundial, la escasez de metales llevará a emitir billetes de 1 y 5 pesetas, siempre en tiradas altísimas para facilitar las pequeñas transacciones, tan necesarias a
falta de moneda metálica.
Fabricantes
Alo largo de más de cien años, los talleres del Banco de España y distintas empresas extranjeras se han encargado de la fabricación de billetes. La segunda emisión fue realizada en Inglaterra por la casa «J. H. Saunders». En dos ocasiones se harán en Nueva York por la compañía «American Bank Note». Dos empresas británicas más, la firmas
«Bradbury Wilkinson and Company» y «Thomas de la Rue and Co. Ltd.» fueron contratadas por el Consejo del Banco de España. Por último, las necesidades del papel moneda de la zona nacional fueron cubiertas con emisiones encargadas a la casa alemana «Giesecke y Devrient» y a «Coen e Cartevalori», de Milán.
Tradicionalmente los valores que se han puesto en circulación han sido los siguientes:
25, 50, 100, 500 y 1.000 pesetas. Con la lógica depreciación del dinero, los valores inferiores dejan de representarse en los billetes, permaneciendo el más alto de los mencionados, el de 1.000 pesetas, como el más bajo de los emitidos actualmente. Por otra parte, la aparición de valores superiores a éste han sido: el de 5.000, que se puede considerar tardía, porque no será emitido hasta 1976, teniendo en cuenta que hubo un primer billete emitido por este valor en 1938, aunque no llegó a circular, y el de 2.000 en 1980. Sin embargo, a lo largo de su historia, el valor que en más emisiones se ha puesto en circulación ha sido el de 100 pesetas, frente a una sola vez los de 250 y 200 pesetas.
Los valores inferiores a 25 pesetas han sido emitidos en papel moneda de manera excepcional. Los conocidos como «Certificados de Plata» de la época republicana, que sustituyeron monedas de plata de 5 y 10 pesetas, se pusieron en circulación para evitar el acaparamiento por un alza de dicho metal en la cotización internacional. La falta de moneda divisionaria en la guerra civil será suplida por el Ministerio de Hacienda con los «certificados provisionales de moneda divisionaria» con valores de 0,50, 1 y 2 pesetas. El Gobierno de Burgos, por su parte, emitirá billetes de 1, 2, 5 y 10 pesetas.
Técnica y elementos de seguridad
ÍNTIMAMENTE ligados estos dos aspectos desde la aparición del papel moneda, la técnica de impresión más segura para evitar falsificaciones es la calcográfica, fácilmente perceptible al tacto y reservada normalmente para representar la viñeta principal así como las orlas decorativas, combinándose con las impresiones tipográfica y litográfica para las restantes partes del billete. Hoy día los medios utilizados para la reproducción del grabado original están altamente mecanizados y las formas de impresión son más perfectas, pero la figura del grabador sigue siendo decisiva. En las primeras emisiones, la marca de agua como señal de autenticidad aparece extendida en toda la superficie del papel a modo de filigrana. En la emisión de 1 de julio de 1884 se inicia la práctica de reservar un círculo en blanco para su ubicación, que ha permanecido, salvo excepciones, como importante elemento de seguridad; no ha ocurrido así con la matriz de entalonamiento, situada
en alguno de los laterales, que se cortaba de manera irregular y servía de comprobación, La primera emisión que realizará la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre será la de 21 de octubre de 1940, venciendo grandes dificultades técnicas y de suministro de materias primas. El Gobierno, por Decreto de 24 de junio de 1941, toma la decisión de encomendar el proceso de producción de papel moneda a la F.N.M.T., y dotarla de los medios adecuados para no tener que depender más de fabricantes extranjeros en una cuestión de tanta trascendencia. A pesar de las dificultades iniciales, desde entonces ha realizado esta tarea en una constante superación, incorporando las nuevas tecnologías y manteniendo un reconocido nivel de calidad. Con la llegada del euro, seguirá interviniendo y colaborando en el proceso de fabricación de los nuevos billetes junto a otros fabricantes europeos por encargo del Banco Central Europeo.
Otros elementos, ya en desuso, han protegido al billete, como la
colocación de una tira de tarlatana adherida al reverso del billete, o una malla de hilo incrustada en la pasta de papel. Los billetes confeccionados por la fábrica alemana para el Gobierno de Burgos en 1936 llevan unas tiras de papel de colores incrustadas en los
anversos. La incorporación de un hilo metálico en sentido vertical se utilizará en los billetes de 500 y 1000 pesetas en 1948. En las últimas emisiones el filamento de seguridad, el
motivo de coincidencia entre anverso y reverso, la leyenda microimpresa en los fondos, tintas y fibrillas…, etc., han venido a reforzar la seguridad del billete.
Iconografía
LOS temas representados en los billetes han respondido a diversas motivaciones, la mayor parte de las veces para rendir homenaje a personalidades destacadas en los más diversos ámbitos que forman parte de nuestra historia. En las primeras emisiones era frecuente encontrar alegorías de contenido económico (el Comercio, el Trabajo, la Agricultura, la Industria, …), ideológico y de exaltación de valores (la Justicia, la Familia, la Libertad, la República, …) o dedicadas a las Bellas Artes. Pero la efigie de monarcas, pintores, escritores, científicos…, etc., ha acaparado la viñeta principal del anverso, siendo la más representada la de Francisco de Goya. Dos emisiones completas han sido dedicadas a su figura, y tres de sus obras: «El Quitasol», «El Cacharrero» y «El Bebedor» aparecen en los reversos, magníficamente realizados. Las imágenes de Quevedo, Calderón de la Barca, Bécquer o Rosalía de Castro, que junto con la reina Isabel la Católica son los únicos personajes femeninos no alegóricos retratados en el anverso, han sido difundidas a través del billete. Monumentos, pasajes literarios y acontecimientos como el Descubrimiento de América y sus protagonistas, han estado también representados, siendo Cristóbal Colón uno de los personajes más retratados, ilustrando, así mismo, la emisión de 1992, conmemorativa del V Centenario.
Último sistema monetario en pesetas:
billetes
Fuente/bde.es